
Hoy he visto que han alquilado el local que mi padre hacía servir de taller. Recuerdo el lugar oscuro, sin ventanas, sólo iluminado con luz artificial, todo repleto de cosas, trastos útiles e inútiles.
El local en cuestión tiene forma de U. En el cuadrado principal las paredes están forradas con pilas de cajas de refrescos, unas vacías y otras llenas, la estantería del centro abarrotada de grandes herramientas eléctricas, y la otra pared con los estantes enormes y todas ese revoltijo de tubos de varios grosores y materiales, maderas, tablones de andamio, hierros,... hay estanterías hasta el techo, llenas de cajas cerradas a veces etiquetadas y a veces no. Creo adivinar alguna de botellas de aceite, cava o whisky o algún licor raro, también hay cajas de madera, de esas que hacían antes de las que sobresalen cosas, tubos, espirales, cables,... están demasiado arriba para poder verlas bien.
Por todas partes vas encontrando los más diversos objetos, un congelador para los helados, un lavavajillas que instaló y a los 3 meses tuvo que sacar porque a los señores no les acababa de gustar eso de lavar los platos en el cacharro. La carretilla, el esqueleto del expositor de botellas de cava y el de las antiguas botellas de leche, motores de un sinfín de aparatos, desde lavadoras hasta compresores... Hay que tener cuidado dónde pones el pie o te apoyas, puedes cargarte algo o hacerte daño.
Llegando al ala de la derecha me encuentro una pequeña mesa arrimada a la pared, creo que es de una máquina de coser y, encima, unas estanterías diminutas que contrastan con las grandes que hay en las otras paredes. Es un rompecabezas multicolor, el rincón de las pinturas. Muchísimos botes de esmalte de los más variados y variopintos tonos y tamaños, guardados con mimo desde tiempos inmemoriables. Colores pasados de moda y tan antiguos que se han vuelto a recuperar, multitud de pinceles, brochas, rodillos... de todas las medidas y materiales. Un caos multicolor y divertido.
El ala derecha está destinada al taller. En realidad no es más que un pasillo ancho que va a dar al patio de luces, donde hay un aseo y poco más. El banco de trabajo va de puerta a puerta, de la de la entrada al taller hasta la del patio, debe hacer unos 2,5 m y un metro de profundidad. Está ajado, con marcas de sierra y de taladro llenas de una mezcla de serrín, cola y barniz. La verdad es que hay polvo de madera por todas partes, bueno y del que no es de madera también. Hay que tener cuidado con lo que tocas y con la ropa que llevas, puedes acabar hecho un asquito.
Encima del banco hay más estantes llenos de cosas para trabajar la madera, en el frente unos paneles con todas las herramientas habidas y por haber colocadas en riguroso orden. La verdad es que nunca he visto una sola herramienta tirada, a no ser que se estuviera utilizando para algo. Debajo del tablero pueden encontrarse otras más grandes, la sierra radial, las taladradoras, etc.
En uno de los laterales de la pared hay un panel con interruptores y enchufes. El panel es de madera tosca y los plásticos son de diverso tamaño y color. Mi padre tenía una concepción de lo práctico y el buen gusto un poco particular. En el otro lateral, un mosaico de cajitas diminutas que contienen clavos, tornillos, tuercas, embellecedores y toda clase de objetos pequeños que pueden ser necesarios en un momento dado.
En la pared opuesta al banco se encuentra el material eléctrico. Cajones adosados a la pared llenos de enchufes, conexiones, circuitos, bombillas pequeñas, y vete tu a saber qué. Cada frente de cajón tiene una inscripción a mano con su contenido. Encima, enrollados alrededor de unos clavos grandes incrustados en la pared hay cables gruesos, de antena o de luz, pero de un grosor considerable. No se ve el color de la pared, está todo condensado en tan poco espacio....
El ala izquierda está partida en dos por un altillo que va de pared a pared hasta el fondo del local. En la parte de arriba se pueden encontrar objetos grandes o largos y que no se utilizan con asiduidad. Listones de madera, tubos de cobre o de plomo, maderas de estantería finas, un carro de supermercado (todavía estoy preguntándome de dónde demonios lo ha sacado) y unas cajas, que hasta que no desmantelamos el local no descubrí que contenían toda la loza que había recuperado mi madre del antiguo bar que antes regentaban. Llevaba allí unos 30 años o más, no voy a explicar en que estado de suciedad se encontraban, porque ya se puede imaginar.
En la parte inferior, a la derecha, hay unas abrazaderas incrustadas en la pared para poner cables, pasacables y tubos de pvc de tamaño mediano. Nunca he visto esas abrazaderas vacías. Los cables varían de color y tamaño y están clasificados según la frecuencia de utilidad, o sea, caótico.
A la izquierda hay unas estanterías de megalux que no sé ni qué contienen. Es lo que mi padre llamaba la “estantería del sastre” o sea, que lo que no sabía dónde poner, allí iba. Allí me encontré los cuadros chinos lacados que mi tía me guardó desde que yo era pequeñita. Los tengo atesorados con mucho mimo, espero ponerlos un día en un lugar destacado de mi casa.
Otro día, más cosas.
Chitos con b.
El local en cuestión tiene forma de U. En el cuadrado principal las paredes están forradas con pilas de cajas de refrescos, unas vacías y otras llenas, la estantería del centro abarrotada de grandes herramientas eléctricas, y la otra pared con los estantes enormes y todas ese revoltijo de tubos de varios grosores y materiales, maderas, tablones de andamio, hierros,... hay estanterías hasta el techo, llenas de cajas cerradas a veces etiquetadas y a veces no. Creo adivinar alguna de botellas de aceite, cava o whisky o algún licor raro, también hay cajas de madera, de esas que hacían antes de las que sobresalen cosas, tubos, espirales, cables,... están demasiado arriba para poder verlas bien.
Por todas partes vas encontrando los más diversos objetos, un congelador para los helados, un lavavajillas que instaló y a los 3 meses tuvo que sacar porque a los señores no les acababa de gustar eso de lavar los platos en el cacharro. La carretilla, el esqueleto del expositor de botellas de cava y el de las antiguas botellas de leche, motores de un sinfín de aparatos, desde lavadoras hasta compresores... Hay que tener cuidado dónde pones el pie o te apoyas, puedes cargarte algo o hacerte daño.
Llegando al ala de la derecha me encuentro una pequeña mesa arrimada a la pared, creo que es de una máquina de coser y, encima, unas estanterías diminutas que contrastan con las grandes que hay en las otras paredes. Es un rompecabezas multicolor, el rincón de las pinturas. Muchísimos botes de esmalte de los más variados y variopintos tonos y tamaños, guardados con mimo desde tiempos inmemoriables. Colores pasados de moda y tan antiguos que se han vuelto a recuperar, multitud de pinceles, brochas, rodillos... de todas las medidas y materiales. Un caos multicolor y divertido.
El ala derecha está destinada al taller. En realidad no es más que un pasillo ancho que va a dar al patio de luces, donde hay un aseo y poco más. El banco de trabajo va de puerta a puerta, de la de la entrada al taller hasta la del patio, debe hacer unos 2,5 m y un metro de profundidad. Está ajado, con marcas de sierra y de taladro llenas de una mezcla de serrín, cola y barniz. La verdad es que hay polvo de madera por todas partes, bueno y del que no es de madera también. Hay que tener cuidado con lo que tocas y con la ropa que llevas, puedes acabar hecho un asquito.
Encima del banco hay más estantes llenos de cosas para trabajar la madera, en el frente unos paneles con todas las herramientas habidas y por haber colocadas en riguroso orden. La verdad es que nunca he visto una sola herramienta tirada, a no ser que se estuviera utilizando para algo. Debajo del tablero pueden encontrarse otras más grandes, la sierra radial, las taladradoras, etc.
En uno de los laterales de la pared hay un panel con interruptores y enchufes. El panel es de madera tosca y los plásticos son de diverso tamaño y color. Mi padre tenía una concepción de lo práctico y el buen gusto un poco particular. En el otro lateral, un mosaico de cajitas diminutas que contienen clavos, tornillos, tuercas, embellecedores y toda clase de objetos pequeños que pueden ser necesarios en un momento dado.
En la pared opuesta al banco se encuentra el material eléctrico. Cajones adosados a la pared llenos de enchufes, conexiones, circuitos, bombillas pequeñas, y vete tu a saber qué. Cada frente de cajón tiene una inscripción a mano con su contenido. Encima, enrollados alrededor de unos clavos grandes incrustados en la pared hay cables gruesos, de antena o de luz, pero de un grosor considerable. No se ve el color de la pared, está todo condensado en tan poco espacio....
El ala izquierda está partida en dos por un altillo que va de pared a pared hasta el fondo del local. En la parte de arriba se pueden encontrar objetos grandes o largos y que no se utilizan con asiduidad. Listones de madera, tubos de cobre o de plomo, maderas de estantería finas, un carro de supermercado (todavía estoy preguntándome de dónde demonios lo ha sacado) y unas cajas, que hasta que no desmantelamos el local no descubrí que contenían toda la loza que había recuperado mi madre del antiguo bar que antes regentaban. Llevaba allí unos 30 años o más, no voy a explicar en que estado de suciedad se encontraban, porque ya se puede imaginar.
En la parte inferior, a la derecha, hay unas abrazaderas incrustadas en la pared para poner cables, pasacables y tubos de pvc de tamaño mediano. Nunca he visto esas abrazaderas vacías. Los cables varían de color y tamaño y están clasificados según la frecuencia de utilidad, o sea, caótico.
A la izquierda hay unas estanterías de megalux que no sé ni qué contienen. Es lo que mi padre llamaba la “estantería del sastre” o sea, que lo que no sabía dónde poner, allí iba. Allí me encontré los cuadros chinos lacados que mi tía me guardó desde que yo era pequeñita. Los tengo atesorados con mucho mimo, espero ponerlos un día en un lugar destacado de mi casa.
Otro día, más cosas.
Chitos con b.
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