1/4/08

Buenos días


Es posible que a la mayor parte de la gente no le guste madrugar, tengo la suerte, o la desgracia a veces, de que a mí me encanta. No me importa levantarme cuando todavía es de noche y pasearme por las calles casi vacías de la ciudad.

Me gusta notar la frescura de un nuevo día lleno de cosas interesantes y nuevas, así como cosas viejas y esperadas. No me apetece coger el metro, prefiero el autobús, así me da tiempo a ver amanecer entre los edificios. Hoy el cielo se teñía de rojo mientras iba a la parada. No hace mucho frío pero el aire es fresco. Respiro muy hondo. Es la mejor hora.

No es un día diferente a los demás, ¿o sí?. Es la primera jornada laboral de la semana. O yo la veo distinto o realmente lo es, o quizá sean las ganas de empezar con otra mentalidad y otras esperanzas.

Los barrenderos están llenos de energía y los transeúntes llenos de sueño. Sonrío. Es curioso ver a la gente recién duchada y arreglada y con esa cara de dormidos. No puedo ocultar mi sonrisa, parece que forma parte de la nueva vida. La gente que está en el autobús me mira con desconfianza, supongo que no es muy normal que alguien a estas horas esté así. Pero no puedo evitarlo, no soy capaz de ocultar los sentimientos que me inundan. Siempre me han dicho que con la cara pago, tanto si estoy de buenas o de malas, y ahora mismo me siento estupendamente. Hace calor para este tiempo. La verdad es que no hemos tenido demasiado invierno.

Viva la novedad y los descubrimientos, la primavera y el renacer de la vida.

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